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El ALCA busca
una cara social
PRESIDENTES DE LAS AMERICAS SE REUNEN EN MONTERREY
Eduardo
Gudynas
Los jefes de Estado de las 34 naciones que negocian el Area de
Libre Comercio de las Américas (ALCA) se reunirán en una cumbre extraordinaria
el 12 y 13 de enero en Monterrey (México). El encuentro presidencial, promovido
especialmente por Estados Unidos, no es parte de las cumbres presidenciales
regulares que han tenido lugar en el proceso del ALCA, precede en un año a la
que en el 2005 deberá organizar Argentina, y es una cita especial que se en el
marco de las tumultuosas negociaciones comerciales en el hemisferio.
La cita presidencial fue promovida en un contexto complejo
para Estados Unidos, dado el fracaso de la reunión ministerial de la OMC en
Cancún, así como la reconfiguración del ALCA bajo objetivos más modestos.
Asimismo, se mantienen diversas disputas con el MERCOSUR, especialmente con
Brasil, mientras que la marcha hacia el CAFTA centroamericana enfrenta fuertes
exigencias de Costa Rica.
La cumbre de Monterrey es por lo tanto un encuentro
presidencial donde se intentan limar estas y otras asperezas y resquemores
dejando en suspenso los temas comerciales y enfocando los sociales. Cada uno de
los países participantes tienen diferentes motivos para haber aceptado rápidamente
la idea de EE.UU. de celebrar la cumbre: en unos casos buscan poder condicionar
las negociaciones comerciales a ciertos objetivos sociales, en otros esperan
quedar en mejor posición para reclamar algunas compensaciones, y no son pocos
que aspiran a conseguir argumentos para usar dentro de sus naciones en un
intento de demostrar una cara más “humana” del ALCA frente a las crecientes
críticas ciudadanas.
En primer lugar es bueno recordar que las cumbres
presidenciales propias del ALCA siempre incluyeron declaraciones sobre temas
sociales y del desarrollo, en muchos casos con énfasis en ciertas cuestiones, y
que éstas se traducían en largos programas de acción. Enseguida también es
necesario recordar que prácticamente no se ha cumplido nada de esas
declaraciones. Es más: las negociaciones comerciales corren por canales
independientes y sin conexiones con los “planes de acción” de las Américas.
En algunos casos las medidas comerciales propuestas en el ALCA impedirían
algunas medidas, como por ejemplo políticas de promoción del empleo.
En segundo lugar todos los países de las Américas llegan a
la cita de Monterrey con posiciones complejas y en varios casos contradictorias,
y donde los temas sociales también están en segundo plano. Repasemos
brevemente algunos ejemplos: Chile se encuentra en plena campaña para promover
a José M. Insulza como Secretario General de la OEA, y por lo tanto está a la
caza de adhesiones; México sigue molesto con la timidez del proyecto de
legalización de migrantes dentro de EE.UU.; Chávez es mirado por recelo por
algunos de sus vecinos; Brasil reclama una nueva política comercial pero nada
dice sobre el endeudamiento externo ni sobre el papel del FMI, mientras que
Argentina los cuestiona; y así sucesivamente se observan las más diversas
posturas.
El temario actual de la cumbre incluye el fortalecimiento
democrático, los aspectos sociales vinculados al crecimiento económico, la
seguridad hemisférica y la lucha contra el terrorismo. Más allá de esa agenda
oficial, el tema de la deuda externa merecería ser tratado con más atención
en el encuentro presidencial. Sin embargo no existen posiciones coordinadas
desde América del Sur. Brasil, que arrastra una enorme deuda de más de 200 mil
millones de dólares, no parece dispuesto a cuestionarla. Hasta ahora el
gobierno del PT ha seguido las más rígida ortodoxia económica, incluyendo
duras medidas financieras y el cumplimiento de las obligaciones que le impone el
endeudamiento. La administración Lula no cuestiona esa situación, aceptó las
condiciones del FMI antes de las elecciones, y volvió a hacerlo hace poco
tiempo atrás ya en el gobierno. Ese acatamiento ha alejado por momentos a
Brasil de las posiciones de Argentina, que una y otra vez mantiene entredichos
con los técnicos del FMI.
Actualmente varias voces dentro del PT así como algunos
socios de la coalición del gobierno reclaman posturas más autónomas frente al
FMI y sobre la deuda. Incluso el expresidente José Sarney, un conocido
conservador y ahora aliado de Lula, ha declarado públicamente que es necesario
renegociar la deuda externa brasileña. Estas posiciones se potencian con las
posiciones que dentro de Brasil reclaman que el PT cambie su estrategia. De
todas maneras, el ministro de economía ha dejado en claro que nada cambiará en
esa materia en el 2004, y hasta hoy, el presidente Lula ha seguido ese camino.
Las posiciones más duras sobre la deuda externa y sobre el
papel del FMI siguen partiendo de Argentina. Habrá que prestar atención si
finalmente esa cuestión se cuela en la agenda presidencial de Monterrey.
Estados Unidos está mirando con preocupación las posiciones de Argentina. En
estos días se enfrascó en una polémica con Argentina que incluye tanto la
forma en que se abordan los compromisos financieros como las relaciones con el
gobierno de Cuba. Roger Noriega (subsecretario para América Latina del
Departamento de Estado) afirmó estar “preocupado y decepcionado” con las
posiciones argentinas respecto a Cuba. La respuesta de Kirchner fue rápida y
dura, a pesar que en Monterrey se reunirá con G. Bush; su posición recibió el
apoyo de Brasil y Venezuela. Para avivar un poco más las polémicas, Brasilia y
Washington se encuentran enfrentados por los controles a los viajeros en los
aeropuertos; Bush también se reunirá con Lula en la cumbre presidencial.
De esta manera, Washington sigue enfrentando un terreno
complejo. Más allá de las declaraciones generales, el énfasis de Estados
Unidos está en el tema seguridad, y en especial en promover que los países
Latinoamericanos ratifiquen la Convención Interamericana contra el Terrorismo
(los miembros actuales son México, Perú, El Salvador, Nicaragua, Canadá y
Antigua y Barbuda). Sin embargo por ahora no se ha alcanzado un acuerdo en cómo
se presentará esta cuestión en la declaración final. Es más, y tal como
sucedió en Cancún y en Miami, el borrador de declaración final que están
analizando los delegados de los 34 países sigue repleto de corchetes por puntos
que no han sido acordados.
Es que la cumbre presidencial de Monterrey ha generado
expectativas: se promete que se abordarán los temas del desarrollo y las
demandas sociales. Frente a ese objetivo el desafío es doble: lograr una
declaración presidencial, y no quedar en un texto mínimo debido a los
desacuerdos entre los países (tal como sucedió en Miami); y que esa declaración
tenga sustancia. Hasta ahora los gobiernos apenas han apoyado posiciones muy
vagas, usualmente aburridas, y con pocas medidas concretas. La cumbre
presidencial corre el riesgo de considerar este problema una vez más apelando a
las aspiraciones, y sin avanzar en una reforma económica que permita atacar la
raíz de la génesis de la pobreza. Ese es un problema que se repite en todos
los países, sea Estados Unidos como Brasil, Honduras como Perú. A nivel
continental es todavía más grave ya que las imposiciones comerciales del
proyecto ALCA, incluso en su versión “ligth” constituyen impedimentos para
avanzar en una agenda de lucha contra la pobreza.
Publicado el 9 de enero
2004. E. Gudynas es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía,
Ecología y Equidad América Latina). La reproducción es libre, pero por favor
cite la fuente.
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