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EL ACUERDO DE LIBRE COMERCIO ENTRE CHILE Y ESTADOS UNIDOS ANUNCIA RETROCESOS EN LA INTEGRACION LATINOAMERICANA
Eduardo Gudynas
La medida ofrece claras
señales tanto de Chile como Estados Unidos. El primero otorga prioridad a la
liberalización comercial antes que a un proceso de integración política con
sus vecinos del continente. El segundo, por un lado insiste en una vinculación
comercial basada en negociaciones país por país, y por el otro asesta un golpe
a las pretensiones del Mercosur, y en especial de Brasil, de contrabalancear su
poder.
Reacciones y cuestionamientos
Altas
figuras de Argentina y Brasil demostraron disgusto con Chile por haberse
enterado por la prensa. El canciller de Brasil, Luiz Felipe Lampreia anunció el
rompimiento de las negociaciones del MERCOSUR con Chile, afirmando que
''As negociações feitas até agora estão rompidas. A decisão do Chile
de se incorporar plenamente ao Nafta é incompatível com o Mercosul'' ( Jornal
do Brasil, 3 diciembre), mientras que el presidente Fernando Cardoso fue más
parco, pero afirmó que sería necesario discutir "nuevas condiciones"
para las negociaciones con Chile. Brasil anunciaba que se mantendría la
invitación a Chile para participar en la cumbre presidencial del MERCOSUR en
Florianópolis (Brasil), pero se suspendía su presencia de los grupos de
negociación en temas económicos. La prensa de Brasil alertó que "O
governo brasileiro ficou irritado com os chilenos porque o presidente Fernando
Henrique só soube da posição do Chile por nota do embaixador americano no
Brasil", agregando que se pidieron explicaciones a la canciller chilena
Soledad Alvear.
En Chile se reconocía que el presidente Lagos debió explicar a sus pares de Argentina y Brasil esa iniciativa (El Mercurio, Santiago, 1 diciembre). Entre sus primeras explicaciones declaró que "El buscar un entendimiento de libre comercio con Estados Unidos o lo que estamos buscando con Europa, no significa que estemos variando lo que es la política exterior de Chile. Si se trata de un país pequeño, abierto en donde más del 50% de nuestro producto son exportaciones e importaciones, y por lo tanto, la necesidad de poder tener entendimientos de libre comercio, pasan a ser fundamentales", aseguró Lagos (El Mercurio, 1 diciembre).
Los demás países
del MERCOSUR expresaron posiciones más moderadas. El presidente argentino,
Fernando de la Rúa consideró que las explicaciones de Lagos fueron
"amplias" y "suficientes", pero altas figuras de su gobierno
coincidían en que la novedad tomó por sorpresa a todos los países.
Lo cierto es que la
integración de Chile al MERCOSUR ha quedado congelada. El canciller argentino,
Adalberto Rodríguez Giavarini, sostuvo que el ingreso como socio pleno de Chile
al Mercosur "se verá postergado, al menos hasta que aclare la amplitud del
futuro tratado" con Washington. "En la práctica, esto significa que
Chile sólo podrá seguir participando en debates políticos o en áreas de
salud, educación y cultura, pero no ya en mecanismos de decisión", subrayó
el ministro argentino (La Nación, 14 diciembre 2000).
Promiscuidad de Chile
Existen varios
antecedentes de Chile sobre acuerdos bilaterales de libre comercio. En ese
sentido, esa nación ya posee convenios con Canadá y México, de donde uno con
EE UU lo pone prácticamente a las puertas de convertirse en un integrante de
hecho del NAFTA. De hecho, intentó por buen tiempo ingresar a ese acuerdo, y únicamente
tras fracasar en ese esfuerzo por la falta de una autorización de negociación
en "fast track", es que volvió sus miradas al MERCOSUR.
El interés de Chile
por el MERCOSUR aumentó con el nuevo gobierno de Ricardo Lagos, donde el
acercamiento se aceleró en los últimos meses. Pero hoy, tras el anuncio de las
negociaciones con los EE UU, en los países vecinos se suman fuertes
cuestionamientos a las posturas del gobierno chileno, calificándolas como
contradictorias, generándose dudas sobre la validez de las palabras de su
presidente. Se ha recordado que seis meses atrás, en la última cumbre del
MERCOSUR, Lagos subrayó la necesidad de ser miembro pleno de ese mercado. Por
ejemplo, el pasado 12 de julio, el Ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre,
subrayaba la importancia de sumarse a ese mercado, agregando que "modestia
aparte, nosotros vemos que la incorporación de Chile le aportará un activo muy
grande al Mercosur, porque somos el país más creíble y el de menor riesgo de
todas las economías emergentes, lo cual constituye un verdadero sello de
calidad" (El Mercurio, Santiago, 12 de julio). A pesar de esas
declaraciones se encaminó a un acuerdo con los EE UU. Para aumentar la confusión,
el propio presidente Lagos declaraba en la clausura de la reciente cumbre
presidencial del MERCOSUR, que no quiere ingresar al NAFTA y que la prioridad es
el Mercosur, pero advirtiendo que únicamente a nivel de "asociado".
La prensa relata que en la reunión de clausura de la cumbre, Lagos "se
volvió rojo y pareció hincharse" mientras gritaba "Yo no quiero
sumarme al Nafta, no quiero formar parte de ningún otro bloque, excepto de éste,
el Mercosur" (La Nación, Buenos Aires, 16 diciembre 2000). Como respuesta
recibió la ironía de Cardoso, comparando la actitud de Chile con los abrealas
de las escuelas de samba del carnaval.
Dejando de lado las
declaraciones en uno u otro sentido, los hechos muestran que Chile parece seguir
una estrategia de múltiples acuerdos con diversas contrapartes a la vez,
diversificando las opciones y sin priorizar unas sobre otras. Esta promiscuidad
está centrada en una perspectiva comercial.
Impactos internos dentro Mercosur
La novedad del acuerdo
de Chile con los EE UU tuvo un fuerte impacto dentro del MERCOSUR. Es necesario
precisar que a pesar que la prensa y varios analistas han insistido en el último
año sobre los "problemas" o "crisis" del MERCOSUR, en
realidad buena parte de ellos eran disputas comerciales propias de un proceso de
creciente vinculación económica. Pero esta movida de Chile, y el patrocinio de
Estados Unidos que está por detrás de ella, significan un duro golpe al
MERCOSUR.
Chile
era un potencial socio mirado con atención por Argentina y Uruguay, ya que
permitiría sumarlos a un contra-balance de la fuerte presión que puede ejercer
Brasil. Pero a su vez, la presencia de Chile en el MERCOSUR era un paso más en
la expansión de ese acuerdo tal como lo promueve Brasil, y con ello ganar mayor
capacidad negociadora a nivel internacional. Las críticas más duras
provinieron de Brasil, y le siguieron algunas funcionarios gubernamentales de
Argentina y Uruguay, mientras que Paraguay mantuvo un bajo perfil.
La situación se
complica cuando en Argentina y Uruguay destacadas personalidades apoyaron el
accionar de Chile, sosteniendo que es un paso que debería seguirse, insistiendo
en que el Mercosur en su estructura actual no cumple con fines esenciales en el
campo comercial. El primero fue el presidente de Uruguay, Jorge Batlle,
agregando que todo el MERCOSUR debería hacer lo mismo, y enseguida le siguieron
alusiones de simpatía desde el ministro de economía argentino, J. Machinea.
Mas allá
de las declaraciones de los políticos, si Chile llegara a un arancel cero con
EE UU y los demás países del NAFTA, harían que formalmente fuese imposible
una unión aduanera con otros países que mantienen aranceles más altos. Y el
MERCOSUR los mantiene elevados como manera de proteger sectores internos, de
donde las posibilidades reales del ingreso de Chile en el futuro mediato no
existen.
La
cumbre presidencial del Mercosur
Las polémicas
sobre las negociaciones entre Chile y los EE UU prosiguieron en la XIX reunión
de los presidentes del Cono Sur, el 14 y 15 de diciembre en Florianópolis
(Brasil). Si bien el encuentro arrojó algunos resultados positivos (como el
acuerdo automotriz), persisten los debates sobre los próximos pasos a dar. Las
declaraciones de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, fueron frías, dejando
en claro que permanece la molestia con Chile y que no se han tomado decisiones
comunes. La reunión previa de los cancilleres de los cuatro miembros plenos
emitió un comunicado donde apenas se dice que se continua analizando las
implicancias de ese acuerdo con los EE UU.
Las preocupaciones
también se centran en cómo queda parado el MERCOSUR frente a la negociación
del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
os presidentes aprovecharon para expresar fuertes críticas a los EE UU
por su proteccionismo; los cuestionamientos más duros provinieron del
presidente de Brasil, Cardoso: "Nosotros no tenemos que andar pidiendo por
favor para participar del ALCA. No hay que ser tan colonialistas de andar
pidiendo por favor. Esto no es una cuestión de favores, es una cuestión de
negocios". Agregó: "Esto es business", insistió; "Ellos
nos enseñaron lo que es el business, y nosotros aprendimos" (La Nación y
O Globo, 16 diciembre). El presidente de Uruguay, Jorge Batlle realizó críticas
similares sobre el proteccionismos estadounidense, y hasta el presidente de
Chile se sumó al coro. Pero más allá de la coincidencia retórica, las
posturas son diferentes: mientras Brasil ve la salida en aumentar el poder de
negociación propio y regional, Chile apuesta a liberalizar el comercio.
Argentina y Uruguay comienzan a mirar esa posición con simpatía.
La
polémica que se viene
Muchos temas quedan
abiertos con esta actitud de Chile. Por un lado, cualquier acuerdo de Chile con
los EE UU tendrá repercusiones comerciales con los demás países del
continente. Recordemos que la cláusula de nación más favorecida del Tratado
de Montevideo (art. 44), que regula el funcionamiento de ALADI, establece que
cuando un país miembro otorga alguna concesión a un tercer país, externo a la
asociación, automáticamente debe otorgársela a todos los demás socios. Este
fue el caso de México tras su
ingreso al NAFTA, y debió firmar un protocolo adicional de compensaciones
arancelarias con los demás países de la ALADI. Brasil ya ha anunciado que hará
ese reclamo a Chile.
La
postura chilena constituye un respaldo a la perspectiva negociadora de los EE UU
de priorizar los temas comerciales, y no los políticos, y avanzar por medio de
acuerdos bilaterales y parciales. Indirectamente también es un respaldo a las
pretensiones de ese país en el ALCA. El proceso de liberalización hemisférica
que venia moviéndose lentamente en el terreno político, recibió así un
espaldarazo. Esta movida a su vez reduce el poder de influencia del MERCOSUR, el
principal contrapeso a los EE UU en el ALCA. Seguramente en las próximas
semanas se sumarán otros hechos, pero algunos de ellos ya se insinúan. Se
destaca que el canciller de Argentina ha indicado que se debería adelantar y
acelerar la negociación del ALCA. El gobierno de Brasil se resiste, pero
parecería que se avendría a la propuesta. En todo caso, la marcha de esas
negociaciones dependerá de la actitud del nuevo presidente George Bush.
La
apuesta chilena es fuerte y sus opciones también se reducen ya que si no
concreta ese acuerdo con los EE UU, aumentará su aislamiento en el continente.
Recordemos que ya ha intentado en otras ocasiones sumarse al NAFTA, y tras el último
fracaso fue que comenzó a dialogar más seriamente con el MERCOSUR. Volver a
fracasar frente a Washington, no asegura que sus vecinos del Sur volverán a
estar esperándolo con los brazos abiertos.
La
agenda de expansión del MERCOSUR ha quedado detenida, y se ha abierto un debate
interno de gran profundidad. En este momento nos encontramos en las puertas de
una verdadera crisis. Brasil ha abusado de su papel de "socio mayor"
del MERCOSUR, generando conflictos con sus vecinos sin contrapartidas. Tanto
Argentina como Uruguay muestran poco a poco disconformidades con Brasil por las
disputas comerciales, en especial Uruguay reclama fortalecer los aspectos
institucionales del mercado donde los avances son casi inexistentes. Estos dos
países insinúan por vías diferentes desear una mayor liberalización
comercial.
La idea
de un proceso de liberalización comercial únicamente sudamericano tal como
proponía Brasil también ha sido golpeado. Si bien la propuesta del ALCSA era
esencialmente un acuerdo entre el MERCOSUR y la Comunidad Andina de Naciones, se
esperaba la participación de Chile, lo que difícilmente ocurrirá en el futuro
cercano.
Con el
simple hecho de anunciar una negociación, y no dar ninguna seguridad sobre qué
concesiones ofrecerá, Washington colocó a Chile fuera de la órbita
sudamericana, golpea al MERCOSUR y deja al Brasil mal parado como líder
regional.
Los
temas sociales y ambientales vuelven a escena. Mientras que los países del
MERCOSUR han sido contrarios a incluirlos en el ALCA, y se padecen muchos
retrasos en esas áreas en el MERCOSUR, Washington ya ha indicado que desea
incluirlos en la negociación con Chile. El presidente Lagos ya ha respondido
que no desea incorporarlos, pero ha dejado la puerta abierta a hacerlo en caso
de necesidad para avanzar en la agenda comercial. El presidente de Brasil puso
el tema este tema en el tapete días atrás, señalando sus temores que EE UU
imponga estándares ambientales y laborales con Chile para luego ser extendidos
al ALCA y otros países. Podemos agregar que posiblemente el presidente Cardoso
se preocupe por exigencias que considere muy altas, mientras que las
organizaciones sociales a su vez temen por regulaciones muy bajas. No es un tema
menor ya que Chile posee el marco institucional formal ambiental más débil del
MERCOSUR.
Las
implicancias en la política regional hacia el desarrollo sostenible son también
negativas. En forma muy esquemática, si bien el MERCOSUR posee un entramado político
y social todavía insuficiente, al permitir una negociación en un plano político
ofrece posibilidades para avanzar en ese camino. En cambio, los acuerdos
restringidos al plano comercial, al estilo NAFTA, de hecho limitan la integración
política. La actitud de Chile privilegia el acuerdo comercial antes que una
discusión política.
Finalmente
también emerge un problema esencial: el gobierno de Lagos parece no tener ningún
proyecto de integración regional, ninguna meta de aumentar su poder de
negociación internacional. Existían esperanzas en contrario, sea por la
extracción ideológica original de Lagos vinculadas al socialismo, como por las
lecciones que debía haber arrojado la política del anterior presidente Frei.
Pero la administración Lagos vuelve a poner las metas en el corto plazo y en el
terreno comercial. Los avances en ese camino pueden generar algunos beneficios
económicos, pero por cierto no aumentan su capacidad de negociación, lo
debilitan en el futuro inmediato, y lo hacen más dependiente. Se mantienen más
o menos los mismos problemas; por ejemplo, los resquemores de Chile sobre la
liberalización del sector agropecuario frente al MERCOSUR debieran generar una
preocupación mucho mayor ante los EE U, el segundo subsidiador mundial después
de la Unión Europea. Ni que hablar de las posibles condiciones sobre inversión
y control extra-fronterizo al comercio que esas negociaciones puedan implicar.
Por todas estas razones, el anuncio de Chile significa un paso atrás en el
proceso de integración regional Latinoamericano. Es todavía más preocupante
que los países vecinos miren esa ausencia de un proyecto de integración
regional y la renuncia al mercantilismo internacional, como una virtud a imitar.
Eduardo Gudynas es analista de información
en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina). Diciembre
2000
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