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El
mito y la realidad del libre comercio
Alberto Acosta y
Eduardo Gudynas
El presente artículo está basado en la introducción del libro «Libre comercio: mito y realidad» (Editorial AbyaYala, en colaboración con ILDIS y D3E), que se distribuye durante el 1er. Foro Social de las Americas (Quito, 2004).
El "libre comercio" está en boca de todos como una verdad revelada
que ofrece las mejores soluciones para los problemas de los países de América
Latina. Intentar una crítica del "libre comercio" es casi temerario
en el día de hoy, ya que es una idea defendida desde los más diferentes ámbitos:
la política, la academia y el empresariado. Pero, además, parece insensato
cuestionar una apelación a la "libertad" del comercio; ¿quién puede
estar en desacuerdo con la libertad? Por otro lado, todos quieren comerciar; los
empresarios y los países sueñan con exportar y creen que desde allí se
desencadenará el crecimiento económico. Se alude una y otra vez a la
experiencia de las naciones asiáticas que en la actualidad son exportadores
globales como prueba adicional de la importancia del "libre comercio".
De esta manera la idea del "libre comercio" se convierte en un mito, rodeado de aspectos positivos, con una leyenda de casos exitosos y un discurso teórico, inmune a las críticas. Sin embargo, la realidad es distinta del mito, y las situaciones que hoy se observan en América Latina advierten que detrás del slogan "libre comercio" no todo es libre, no todo se refiere al comercio, y muchos de los resultados son negativos, basta ver la experiencia mexicana.
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Libre comercio: mitos y realidades Nuevos desafíos para la economía política de la integración latinoamericana, 257 pp, julio 2004. Distribuye AbyYala, Quito. |
América Latina y el Caribe han avanzado
firmemente por el camino del "libre comercio" desde por lo
menos la década de 1980, sin que con esta aseveración se acepte como
que antes estas economías hayan estado totalmente cerrada a los flujos
comerciales y financieros internacionales. Lo cierto es que en los últimos
años las fronteras se abrieron aún más, se bajaron (casi) totalmente
los aranceles y los mercados nacionales han sido invadidos por productos
importados. En algunos casos aumentaron los flujos exportadores
(especialmente de productos primarios), pero a su vez también se
incrementaban las importaciones, y casi todos cayeron en déficits
comerciales que han forzado un redoblado endeudamiento externo. A su
vez, el Estado dejó de proteger la industria nacional, que ya no pudo
competir con éxito con los productos importados, por lo que se
vendieron muchas empresas a compañías extranjeras desencadenando la
extranjerización y concentración, y otras simplemente cerraron sus
puertas. El desempleo se agravó, dando paso a una masiva emigración. |
Estos procesos, apenas esbozados, nos permiten ubicar al "libre
comercio" como parte de una serie de reformas sustanciales en las economías
y políticas nacionales, orientadas a satisfacer las demandas de los grupos
transnacionales de poder, particularmente de aquellos sustentadores del Consenso
de Washington. Esos cambios privilegiaban el papel del mercado como escenario
esencial para la marcha social, el Estado se debía reducir, se debían
privatizar los servicios públicos, era necesario un estricto equilibrio fiscal
para servir la deuda externa, asegurar el libre flujo de capitales y abrir las
fronteras al comercio global. Bajo esas ideas el ciudadano se convierte en
consumidor, y la política desaparece en una gestión mercantilizada.
La idea actual del "libre comercio" es parte de esos conceptos. Es
una idea que se vendió desde los países del Norte, pero que ni siquiera se
aplica en esas naciones. Inglaterra, Alemania, Francia, Estados Unidos, Japón y
los demás países industrializados aplicaron constantemente las más diversas
barreras y restricciones comerciales, con una fuerte presencia estatal apoyando
y amparando a distintos sectores productivos. Y lo siguen haciendo; por ejemplo,
las naciones desarrolladas aplican un total de mil millones de dólares diarios
en subsidios y protecciones agrícolas. El mito genera un problema grave, pero a
su vez todos quedan atrapados en su interior sin conseguir salir.
A pesar de que sus prácticas son de un "comercio regulado", desde
los centros universitarios y los podios políticos se enseña sobre el comercio
"libre", y desde las agencias de desarrollo como Banco Mundial, BID y
FMI se condiciona a los países del sur para que desregulen su comercio y
acepten pasivamente todo el instrumentario librecambista.
El resultado es obvio: los países del norte mantienen el comercio regulado,
pero al obligar que los de América Latina liberen sus mercados, se consolida el
comercio asimétrico. Las naciones industrializadas invaden los mercados del
sur, mientras que los latinoamericanos y los caribeños no logran exportar ni
sus productos primarios por las protecciones en el norte.
Esta situación se agrava en la actualidad por la proliferación de acuerdos
del mal llamado libre comercio entre los países de América Latina con Estados
Unidos y la Unión Europea. Bajo las nuevas versiones de esos acuerdos la
situación se complica todavía más ya que los nuevos convenios no sólo tratan
de temas comerciales sino que se cuelan aspectos no-comerciales para establecer
mecanismos de sobreprotección a las inversiones estadounidenses, las formas en
que los gobiernos hacen sus compras, los derechos de propiedad intelectual, la
privatización de los servicios públicos y muchos otros temas más. Por lo
tanto el "libre comercio" no sólo no es libre, sino que trata de
muchos otros temas además del "comercio".
Por otro lado, los resultados de la estrategia del "libre comercio"
no han generado el desarrollo económico prometido, no redujeron la desigualdad
ni la pobreza, y la disconformidad social es creciente. A la par con las
protestas ciudadanas se suman nuevas corrientes de reflexión sobre el comercio,
tanto a nivel latinoamericano como global, que advierten sobre las falacias del
"libre comercio".
En este contexto, para elevar el nivel del debate y desmitificar el discurso
del "libre comercio", durante el Primer Foro Social de las Américas,
se está presentando una colección de ensayos sobre esas cuestiones, que
incluye algunos textos clásicos poco conocidos en la actualidad.
Esos artículos, publicados por la editorial AbyaYala, conjuntamente con
ILDIS y D3E, comienzan con un texto clave de Friedrich List, escrito en la
primera mitad del siglo XIX en el que plantea un camino diferente al del
librecambismo de la época, que tuvo un gran éxito en Alemania. List
(1789-1846), un economista alemán que centró su atención en la superación
del "subdesarrollo" de su país, sintetizó su pensamiento en un libro
publicado en 1841. "Retraso" y "dependencia" de Alemania
respecto a Gran Bretaña son las preocupaciones implícitas en dicho trabajo;
una situación que fue superada gracias a una serie de acciones inspiradas en
una serie de reflexiones y propuestas de política elaboradas por List, las
cuales fueron "aplicadas casi al pie de la letra", al decir del
economista peruano Jürgen Schuldt. Como afirmó hace un par de años otro
economista alemán, Wilhelm Hankel, en List se puede ver "el inventor de la
'economía institucional', una suerte de relatividad económica que renuncia a
la pretensión de que exista algo así como un modelo de economía de mercado
universalmente válido, independiente del tiempo y de la historia". Sus
planteamientos, enfrentados a la visión dominante de ese entonces -propugnada
por los clásicos: Adam Smith, Jean Baptiste Say y David Ricardo-, brindan, aún
ahora, valiosas reflexiones para forjar respuestas alternativas. Su crítica
apuntaba a desvirtuar las indiscutibles "verdades" forjadas alrededor
del libre comercio mundial y la doctrina de las ventajas comparativas. List
levantó una posición contestaría de las visiones "globalizadoras"
de su época, con gran éxito en la práctica, como se vería décadas más
adelante a través del notable desenvolvimiento de Alemania; hecho que, sin
embargo, no pudo registrar el propio List, quien, plagado por una serie de
problemas y frustraciones, optó por suicidarse.
También se incorpora un artículo poco difundido de John Maynard Keynes
(1883-1946), el economista más connotado del siglo XX, quien, en un artículo
sobre la autosuficiencia nacional, escrito en 1933, ensaya una feroz crítica a
los sueños del libre comercio, llegando incluso a señalar que "yo
simpatizo, por lo tanto, con aquellos quienes minimizarían, antes que con
quienes maximizarían, el enredo económico entre naciones. Ideas, conocimiento,
ciencia, hospitalidad, viajes - esas son las cosas que por su naturaleza deberían
ser internacionales. Pero dejen que los bienes sean producidos localmente
siempre y cuando sea razonable y convenientemente posible, y, sobre todo,
dejemos que las finanzas sean primordialmente nacionales. Sin embargo, al mismo
tiempo, aquellos que buscan liberar a un país de sus enredos deberían ser muy
lentos y cautelosos. No debería ser un asunto de romper raíces sino de
entrenar lentamente a una planta para que crezca en una dirección
diferente".
Herman Daly, otro destacado economista ofrece un análisis clave para la
situación regional que se especializa en vender productos primarios, que son
recursos naturales, y por lo tanto alimenta el desarrollo de las naciones
industrializadas a costa de su propio subdesarrollo. La situación
latinoamericana, desde diversos puntos y con énfasis diferentes, es analizada
sucesivamente y en ese orden por Helio Jaguaribe, Alberto Acosta, Rafael Correa,
Jaime Estay, Enrique Daza y Raúl Fernández, Lincoln Bizzozero, Claudio Lara
Cortés, Jürgen Schuldt y Eduardo Gudynas.
Con esta colección de textos se apuesta a un aporte que busque la sustancia
en el debate para así establecer las bases de una economía política
renovadora que permita construir una verdadera integración regional, que deberá
ser incluso política, como paso previo para un posicionamiento inteligente y
soberano de la América latina y caribeña en el contexto internacional. Este
libro también espera refrescar un debate enrarecido por el entusiasmo dogmático
de los defensores del "libre cambio", quienes gracias a su poder
dominante, han mantenido cerradas las puertas para otras visiones impidiendo el
afloramiento de propuestas alternativas.
A. Acosta es economista ecuatoriano y E. Gudynas es analista
uruguayo.
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