EL BID A LOS
50:
NO ES MOMENTO DE FESTEJOS,
SINO DE TRANSFORMACIONES
Eduardo Gudynas
En unos pocos días tendrá
lugar una nueva asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). No
será un encuentro más, ya que esta institución se apresta a cumplir
cincuenta años. El evento tendrá lugar en Medellín (Colombia), del 27 al
31 de marzo, y contará con la presencia de ministros de economía y
presidentes de bancos centrales, provenientes de sus 48 países miembros.
Además se celebrará la 24° Reunión de la Corporación Interamericana de
Inversiones, el órgano paralelo del BID dedicado a apoyar pequeñas y
medianas empresas, así como el encuentro regular del Fondo Multilateral de
Inversiones, orientado a las microempresas. Por si fuera poco, en ese
encuentro se formalizará el ingreso de China como nuevo miembro no
prestatario.
El BID, concebido a partir de una iniciativa de la Organización de Estados
Américas, a lo largo de este medio siglo de existencia ha sufrido
importantes modificaciones. Si bien fue lanzado como un banco regional de
las Américas, su composición se diversificó y ahora engloba a muchos
países europeos y otras naciones industrializadas. Durante mucho tiempo
sus préstamos y apoyos estaban restringidos a los emprendimientos
gubernamentales, hasta que bajo la ola de cambios neoliberales siguió los
pasos del Banco Mundial, y comenzó a financiar directamente al sector
privado. Bajo ese mismo influjo pasó de apoyar proyectos acotados, como
carreteras o edificios, a involucrarse con reformas sectoriales,
inmiscuyéndose en las políticas nacionales en áreas claves como salud,
educación o ambiente. Finalmente, bajo su paraguas se mantiene una
intrincada red de consultores y empresas consultoras, muchas de ellas
provenientes de los países industrializados que se convertían en miembros
del banco.
Incluso desde un punto de vista convencional, el BID en muchas ocasiones
quedó restringido a un papel secundario de apoyo a las medidas emprendidas
por el Banco Mundial. También ha sido opacado por organizaciones como
CEPAL en un rol de usina de informaciones y análisis técnicos. Algunas de
sus propuestas conceptuales fueron tan fundamentalistas que hasta los
gobiernos de turno decidieron sepultarlas. Eso ocurrió, por ejemplo, a
fines de los años noventa, cuando sus economistas resucitaron el
determinismo geográfico del desarrollo latinoamericano, postulando un
inevitable atraso para los países tropicales ricos en recursos naturales
(1).
Es así que a lo largo de estas cinco décadas, el banco ha estado detrás de
muchos emprendimientos polémicos, contribuyó a sostener las reformas de
mercado en muchos países, y su efectividad es motivo de disputa. Un
significativo conjunto de organizaciones sociales de las Américas, frente
a este aniversario, sostienen que “buena parte de los proyectos impulsados
por el BID han sido ampliamente cuestionados por sus consecuencias
sociales, políticas, económicas y ambientales”, debido a factores como el
modelo de desarrollo propuesto, deficientes procesos de evaluación de los
costos y beneficios de sus proyectos, ambiguas medidas de salvaguardia y
amortiguación, y limitada transparencia. Por estas razones, esas
organizaciones han lanzado la campaña “BID: 50 años financiando la
desigualdad”, donde se alerta sobre el pasado del banco y se promueve una
reflexión sobre alternativas futuras.
En los últimos años el BID quedó en un plano secundario como uno de los
prestamistas más importantes del continente. La bonanza económica
generada por la expansión exportadora latinoamericana desencadenó que
otras instituciones financieras regionales como la Corporación Andina de
Fomento o el Banco Nacional de Desarrollo (BNDES) de Brasil, cobraran un
papel más relevante. Incluso se avanzó en crear un Banco del Sur
exclusivamente sudamericano, con lo cual se evitarían los problemas del
BID, donde Estados Unidos y otras naciones industrializadas tienen un peso
decisivo.
Pero la crisis económica global ha hecho que varios países retornaran a
Washington, negociando nuevos proyectos tanto con el BID como el Banco
Mundial, e incluso volviendo a iniciar conversaciones con el FMI. Los
problemas de acceso al crédito internacional y la dura caída de las
exportaciones latinoamericanas ha hecho que muchos esperen conseguir en
esas ventanillas fondos frescos para oxigenar las economías nacionales.
Será necesario observar con detenimiento ese proceso, ya que el BID
también enfrenta sus dificultades económicas, con pérdidas estimadas en
casi dos mil millones de dólares, que estarían originadas en manejos
desafortunados de sus portafolios de inversión.
A pesar de ello, su presidente, el colombiano Luís Alberto Moreno, afirma
que en 2009 se podrían aprobar préstamos que alcanzarían una cifra total
récord de US$ 18 mil millones (dos tercios se obtendrían del capital
ordinario y hasta 6 mil millones de dólares de un fondo para emergencias).
Las fuentes para nutrir esos fondos y la forma en otorgar esos préstamos
se discutirán en la asamblea de Colombia.
Las urgencias de la actual crisis no pueden hacernos olvidar que
justamente esta situación global indica que se requiere otro tipo de
instituciones de asistencia financiera. Esto es especialmente cierto en
América Latina, tanto debido a hechos como los intentos de varios
gobiernos en ganar autonomía frente a las instituciones financieras
afincadas en Washington, como a la creciente convicción de la fragilidad
de una estrategia de desarrollo basada esencialmente en exportar recursos
naturales.
Una respuesta indudablemente inadecuada sería que el BID promoviera, y los
gobiernos aceptaran, servirse de la actual crisis económica como excusa
para mantener las mismas estrategias y los mismos tipos de proyectos. La
postura debe ser la contraria: la actual situación global deja en claro
que es necesario otro estilo de desarrollo, y éstos requieren otros
mecanismos para evaluar, otorgar y monitorear la asistencia financiera al
desarrollo. Los cambios en algunos países también operan en ese sentido.
Por ejemplo, sería inaceptable que el banco repitiera la misma apuesta a
la perspectiva empresarial enfocada en el capital y la competitividad,
mientras las nuevas constituciones de Ecuador y Bolivia ponen en primer
lugar el “buen vivir”. Bajo estas nuevas ideas es necesario un nuevo
banco.
Por lo tanto, los cambios sustanciales en el banco deben comenzar por
repensar sus metas y áreas de acción prioritarias. Actualmente el BID
persiste en las viejas recetas del crecimiento económico como motor del
desarrollo, obsesionado con la competitividad, y donde los aspectos
sociales y ambientales serían efectos secundarios que se dejan en manos de
los gobiernos para ser eventualmente compensados o amortiguados. Hasta
ahora, un número sustantivo de sus proyectos ha operado en sentido
contrario debido a sus altos impactos sociales y ambientales, y por su
baja performance en generar desarrollo genuino. Ejemplo de ello ha sido
el involucramiento del banco con proyectos de infraestructura para la
exportación como carreteras y puentes en zonas de gran fragilidad
ecológica o de alto impacto social.
Además de esos cambios de orientación política, el banco requiere
transformaciones en aspectos instrumentales. Por ejemplo, sus
herramientas de evaluación socio-ambiental son insuficientes, a veces
inadecuadas y hasta anticuadas. Son indispensables mecanismos de abordaje
multidisciplinarios, que puedan tomar en serio la diversidad cultural y
ecológica del continente, y se desenvuelvan en forma continua de manera de
permitir rectificaciones y reorientaciones de cualquier proyecto.
La cita en Medellín es una buena oportunidad para repensar las necesidades
latinoamericanas y la forma en que una institución financiera como el BID
puede contribuir a solucionarlas. Las organizaciones ciudadanas estarán
allí presentes para recuperar la historia del banco y promover nuevas
alternativas. Pero esta responsabilidad de cambio recae especialmente
tanto en los directivos del BID como de los propios gobiernos del
continente. Por esas razones, esta asamblea no puede quedar convertida en
un simple festejo de cumpleaños sino que es necesario avanzar hacia a un
nuevo banco para un nuevo tiempo.
Nota:
(1)
La Fatalidad
tropical del subdesarrollo en América Latina, por E. Gudynas.
ALAI, 28 marzo 2000.
Publicado originalmente por
ALAI (Agencia Latino
Americana de Informaciones), el 17 de marzo de 2009. E. Gudynas es
analista de información en CLAES D3E (Montevideo).
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