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Resultados
de la Cumbre Iberoamericana en Montevideo
LA
MIGRACIÓN NO DEBE SER CRIMINALIZADA
Eduardo Gudynas
La
Cumbre Iberoamericana celebrada en Montevideo, con la presencia de jefes de
Estado y representantes de 22 naciones, finalizó con varios acuerdos y algunas
puntos destacables. El encuentro se centró en la problemática de la migración,
donde sin lugar a dudas la intervención del presidente de Bolivia, Evo Morales,
fue la más aguda y real. Mientras que varios presidentes apelaron a discursos
convencionales, recordando los compromisos asumidos en la comunidad
internacional o listando las aspiraciones deseadas, Morales relató su propia
vivencia en un viaje a España.
Morales
llegaba por primera vez al aeropuerto internacional de Barajas, como dirigente
sindical, para conectar con un vuelo interno que lo llevaría a una reunión
sobre temas de desarrollo, cuando fue detenido por los agentes de migración
españoles. El hoy presidente de Bolivia relató ante todos los demás jefes de
Estado y el rey de España, cómo fue tratado por la migración, la que llegó a
exigirle 500 dólares para continuar con su viaje. Morales no tenía ese dinero,
y terminó enojándose, para decir que si no habían bastado 500 años de
apropiación de los recursos de la región, tampoco les bastarían esos 500 dólares
[audio de
la intervención].
Esa intervención refleja muy bien los vaivenes de la Cumbre Iberoamericana y la importancia del tema de la migración. Varias intervenciones apuntaron a reclamar que no se criminalizara a los migrantes, lo que en palabras más simples implica asegurarles un trato respetuoso y digno en los puertos de entrada. Esos acuerdos aparecen en el “Compromiso de Montevideo sobre Migraciones y Desarrollo”, donde se sostiene que “es imperativo situar la persona del migrante en el centro de los programas o proyectos migratorios”, garantizando el respeto de sus derechos humanos, “independientemente de su condición migratoria, y cualquiera que sea su nacionalidad, origen étnico, género o edad”. Asimismo, el compromiso señalara claramente que “migrar no es delito” y que se deben establecer políticas y prácticas de seguridad que no deberán estigmatizar a los migrantes. El testimonio del presidente Evo Morales deja en claro la importancia de este compromiso.
Los presidentes también subscribieron la “Declaración de Montevideo”, que recopila varios puntos de acuerdo, tales como la adopción de la Carta Cultural Iberoamericana, y algunas medidas potencialmente interesantes, como la conclusión del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (Fondo Indígena).
Pero los acuerdos más sustanciales están en el referido “Compromiso de Montevideo”, donde se intenta dar una visión más amplia del problema migratorio. Por ejemplo, se invoca la reducción de la pobreza y la mejora en la calidad de vida para terminar con la expulsión de personas, y se trata la cuestión de las remesas, afirmándose que “no deben ser catalogadas como ayuda oficial al desarrollo, puesto que son flujos financieros privados, de solidaridad familiar, y responden al derecho de todo ser humano de asistir de modo individual al sustento y bienestar de otras personas”. Los presidentes buscar proteger ese flujo de dinero y están intentando que las comisiones y costos de las transferencias sea reducido drásticamente.
El compromiso ofrece otros acuerdos generales sobre la protección de los migrantes y algunos tímidos avances sobre la búsqueda de acuerdos internacionales más amplios y de cobertura más efectiva, incluyendo componentes de protección laboral, así como medidas especiales para mujeres, niños e indígenas. Se anunció además la convocatoria para un foro iberoamericano sobre este tema en el año 2008.
Las
reuniones paralelas de la sociedad civil apuntaron en el mismo sentido. El II
Encuentro Cívico Iberoamericano, en su declaración “un mundo sin muros por
un desarrollo sostenible para todos y todas” precisa todavía más los
problemas con las migraciones, y reclama acciones más específicas, tales como
la ratificación de la Convención Internacional sobre la Protección de los
Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares de las
Naciones Unidas, y su reglamentación por parte de cada Estado.
La
cumbre presidencial también rechazó el muro que planea construir Estados
Unidos en la frontera con México. El punto fue aludido por varios ministros y
presidentes, y la postura final significa un éxito para la presencia de Vicente
Fox.
Finalmente,
los jefes de Estado además aprobaron un total de 12 compromisos y declaraciones
en diversos temas, desde la integración energética al rechazo del bloqueo de
Estados Unidos sobre Cuba.
A
pesar de la ausencia de varios presidentes, la Cumbre de Montevideo buscó darle
un impulso a esta “familia” iberoamericana. En ese sentido el gobierno de
España presentó la idea de un fondo regional para abordar la problemática del
agua potable y un sistema de becas estudiantiles. Las iniciativas fueron
aprobadas y se encomendó a la secretaría permanente de estas cumbres, en manos
de Enrique Iglesias (ex presidente del BID y ex canciller de Uruguay),
concretarlas en planes de acción específicos.
Entre
las cuestiones que se discutieron en paralelo, se destacó la confirmación que
el rey de España, Juan Carlos, actuará como “facilitador” en el conflicto
entre Argentina y Uruguay por la instalación de una planta de celulosa en la
frontera entre los dos países. La medida, propuesta por el presidente argentino
Néstor Kirchner, fue aceptada por el monarca español, y luego por el gobierno
uruguayo de Tabaré Vázquez. Es una noticia bienvenida ya que se espera pueda
reducir la tensión entre los dos países, pero también evidencia que el
problema no se pudo manejar en el seno del MERCOSUR. Este hecho deja en una
posición incómoda a Brasil, la que se acentúa en tanto el presidente Lula fue
una de las más conspicuas ausencias en la cumbre. Por ahora, la diplomacia de
Itamaraty no ha participado activamente del proceso de estas cumbres en tanto lo
percibe como un programa promovido desde Madrid y termina interviniendo en una
región donde Brasil tiene pretensiones de liderazgo. Pero también es cierto
que Brasil ha mantenido últimamente posiciones ambiguas dentro del espacio
sudamericano.
También
parece necesario clarificar el papel de las Cumbres Iberoamericanas, y en
especial las relaciones de ésta en primer lugar con la OEA y del Grupo del Río,
y en segundo lugar con los bloques regionales. Algunos presidentes están
enviando señales de cansancio frente a la sucesión de encuentros
presidenciales. Por ejemplo, en los últimos meses se han sucedido las cumbres
presidenciales ampliadas del MERCOSUR y la CAN, y ahora se avecina la cita de la
Comunidad Sudamericana de Naciones en Cochabamba. Los encuentros presidenciales
tienen muchas potencialidades positivas, pero deben servir a programas de
acuerdos concretos a partir de los cuales profundizar el camino de la integración.
Por lo tanto, antes que aumentar el número de foros de discusión y concertación
política, parece necesario profundizar los acuerdos de integración, con lazos
que sean vinculantes, coordinaciones productivas concretas y apuestas a crear
una ciudadanía regional.
E.
Gudynas es analista de información en 3E (Desarrollo, Economía, Ecología,
Equidad – América Latina). Publicado en IntegraciónSur el 6 de noviembre de
2006.
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