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EL GRUPO DE LOS 20 SE REDUCE Y LATINOAMERICA SE DIVIDE
Eduardo Gudynas
Inmersos en la polémica por la pérdida de varios miembros, se acaba de reunir en Buenos Aires el grupo de países del sur que vienen demandando el desmantelamiento de los subsidios agrícolas. Tras haber conquistado amplios espacios en la reunión ministerial de la Organización Mundial de Comercio en Cancún, el que era llamado "Grupo de los 20 plus", perdió sucesivamente a El Salvador, Colombia, Perú, Costa Rica y Guatemala; se dice que Ecuador será el próximo. Si bien se mantienen alineados los socios claves del grupo, como Brasil, China, India y Sudáfrica, y ahora se suma Cuba, el impacto de esos desmembramientos es importante, y en especial en América Latina.
Al finalizar el encuentro de
Buenos Aires, el canciller argentino Rafel Bielsa se refería a esta iniciativa
como el "G-X" o "G-fluctuante", mientras el canciller
brasileño Celso Amorín reconoció que el grupo tuvo un papel esencialmente
coyuntural. De todas maneras se mantiene una "zona gris" de
participación en el grupo ya que igualmente asistieron a la reunión delegados
de Guatemala y Perú, pero sin firmar el documento, mientras que participó por
primera vez Uruguay, aunque también sin adherirse a la declaración final.
El punto G
El G 20+ nació en el marco
de las negociaciones de la OMC exclusivamente enfocado los temas agrícolas -una
posición repetida una y otra vez a lo largo de las negociaciones en Cancún.
Sin duda el grupo fue efectivo en varios frentes: logró una coordinación
importante entre diversas naciones, se mantuvo cohesionado a lo largo de la
cumbre ministerial de Cancún, despertó una fuerte corriente de simpatía entre
analistas y opinión pública, tendió nuevos puentes a las ONG ... pero también
generó fuerte preocupación entre las naciones industrializadas, especialmente
los Estados Unidos.
En el contexto
latinoamericano, aquel G 20+ fue muy importante ya que congregó a muchas
naciones de la región, y demostró claramente los beneficios de la coordinación.
Toda la Comunidad Andina y casi todo el MERCOSUR se alineó en esos reclamos.
El papel del grupo despertó
una fuerte onda de optimismo, y en particular dentro de Brasil, en muchos casos
atribuyéndole objetivos mucho más ambiciosos que las iniciales demandas agrícolas.
Además, si los miembros latinoamericanos del grupo se mantenían unidos podían
encarar las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas con
posibilidades de contrabalancear las posiciones de Estados Unidos.
La reunión que acaba de
finalizar en Buenos Aires fue una preparación al reinicio de negociaciones
formales de la OMC en Ginebra en el próximo diciembre. Las sucesivas renuncias
al grupo determinaron que el documento del encuentro de Buenos Aires fuera
suscrito por doce países (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, China, Cuba,
Egipto, India, México, Paraguay, Sudáfrica y Venezuela). Uruguay, Guatemala,
Perú y Uruguay participaron del encuentro pero no adhirieron a la declaración
final.
El documento del grupo
insiste en la necesidad de liberalizar el comercio agrícola sobre sobre
"bases justas y equilibradas". Se aspira a mantener el sistema de
comercio multilateral, recordando la importancia de la vigencia de la OMC, y se
apunta a retomar un "diálogo constructivo". Prosiguiendo con un tono
conciliador, la declaración final llama a resultados que sean "justos y
aceptables" para todas las partes, reiterando el compromiso de
"facilitar las negociaciones de Ginebra".
Los impactos del
desmembramiento
Estas pérdidas dentro del
grupo inicial se deben analizar a dos niveles: por un lado global, en la OMC, y
por el otro a nivel continental, en especial frente al ALCA. A nivel global, el
núcleo básico del grupo lo constituyen en especial China, México, Brasil,
India, y Sudáfrica. Desde el punto de vista comercial es bueno recordar que,
por ejemplo a nivel de exportaciones totales, China ocupa el 5º lugar a nivel
global, México se encuentra en el puesto 13, Brasil en el 2 e India en el 30.
En buena medida el poder dentro de la OMC depende precisamente de esta
importancia comercial global.
China no sólo es un actor
clave, sino que es un negociador que habla poco (a diferencia de Brasil, que optó
por una fuerte exposición pública), pero que mantiene posiciones firmes. Es más,
al finalizar la cumbre ministerial de Cancún buena parte de las críticas de
Estados Unidos apuntaron a China. En ese aspecto, el núcleo esencial del grupo
se mantiene y continúa siendo un actor que puede tener enorme peso al
reiniciarse las negociaciones de la OMC en Ginebra.
Claramente los flancos más
débiles del grupo se encontraban en América Latina, y la importancia de
enfrentarlos aumentó al avanzarse en las negociaciones del ALCA. Muchos de los
participantes Latinoamericanos tienen un pequeño peso a nivel del comercio
global, e incluso en las transacciones con Estados Unidos.
A nivel latinoamericano las
decisiones de abandonar el grupo tienen consecuencias negativas tanto a nivel
nacional como regional. En casi todos los casos han existido polémicas internas
ante estas decisiones. Posiblemente las más fuertes tienen lugar en Perú,
donde el abandono fue anunciado por Raúl Diez Canseco, ministro de comercio
exterior, aludiendo a las negociaciones en el ALCA y de un futuro acuerdo de
libre comercio con Washington. La medida generó claras manifestaciones de
desacuerdo del canciller Allan Wagner, apoyado por algunos sectores claves (como
productores agrícolas, expertos en comercio exterior, etc.), y el debate continúa
al día de hoy.
Una polémica similar tiene
lugar en Costa Rica y Guatemala, pero en cambio muy poco se ha discutido en
Colombia. Por ejemplo, en Guatemala Mario Godínez, directivo del Consejo de
Instituciones de Desarrollo (Coinde) sostiene que la medida "es un signo de
debilidad del país para defender a sus agricultores y que repercutirá en el país
con la invasión de productos sensibles, subsidiados provenientes de
EE.UU". En todos estos casos las excusas se refieren a la necesidad de
atacar los subsidios agrícolas desde otros frentes y a denunciar una
"politización" del G 20+, justamente la misma crítica que realizara
el representante de comercio de Estados Unidos, R. Zoellick.
Estas deserciones hacen
perder la experiencia de coordinación en el seno de la OMC, donde obviamente
cada país aislado tendrá menor capacidad negociadora que en grupo. Pero es
todavía más grave el impacto negativo a nivel de la integración política
regional. Ese aspecto político no tenía esa importancia a nivel global (no se
ha llegado a esa articulación política, por ejemplo, entre Brasil y China),
pero esa condición existe entre las naciones Latinoamericanas. Están en marcha
procesos de integración política entre miembros del MERCOSUR y de la CAN, así
como de Perú con el Mercosur. El G 20+ contribuía a fortalecer lazos dentro de
América Latina y permitía a su vez una proyección global. La breve
experiencia del grupo y esa potencialidad se pierden con esas decisiones. De la
misma manera, esas medidas pueden erosionar las nuevas negociaciones del
MERCOSUR con Perú, y los intentos de Brasil de constituir una articulación
sudamericana.
El nuevo vuelo que estaba
tomando la coordinación entre latinoamericanos seguramente fue considerado por
Washington, y explica las fuertes presiones que ejerció sobre varias naciones.
Allí no existía únicamente un problema comercial dado el modesto monto de las
transacciones de Estados Unidos con varios de esos países, sino que existía un
problema agregado de liderazgo regional.
De esta manera, tras años
de poco o ningún interés en América Latina, donde el ALCA se negociaba como
un tratado más a nivel de decenas de iniciativas, Washington toma conciencia en
Cancún del poder emergente de las naciones del sur, y reacciona con fuerza. El
representante de comercio Robert Zoellick realiza una gira centroamericana para
apurar un acuerdo de libre comercio con la región, se inician coqueteos de
negociaciones similares con Colombia, Perú y Ecuador, y pasa a tener una posición
más enérgica en el último encuentro negociador del ALCA en Trinidad y Tobago.
La presión de Washington es fuerte, y su presencia se desprende en las
declaraciones de negociadores gubernamentales y personas claves del empresariado
en todos esos países. Como consecuencia, y en unas pocas semanas, cuatro
naciones abandonan el G 20+. Este resquebrajamiento hace que se vuelva a caer en
posiciones nacionales aisladas, o en bloques comerciales de muy alta dispersión
interna.
Incluso desde un punto de
vista comercial tradicional estas deserciones son discutibles. Con ella se
renuncia a conseguir un trato simétrico en el comercio con Estados Unidos, en
especial en el referido a subsidios y dumping agropecuario. Justamente en la última
reunión del ALCA en Trinidad y Tobago de la pasada semana, Washington reiteró
que no compromete aperturas de su sector agrícola. Frente a esta situación la
salida del G 20+ de países con un fuerte sector agrícola, como Colombia, Costa
Rica o Guatemala, se vuelve incomprensible en tanto el grupo reclamaba
precisamente la apertura de los mercados agrícolas y el fin de los subsidios.
Insinuar que el pedido del G
20+ estaba "politizado" no agrega nada, a menos que se aclare el
contenido de la palabra. Lo cierto es que el grupo pedía con más energía lo
que reclamaba el Grupo de Cairns, un conglomerado con el que Estados Unidos
coqueteó desde hace años y frente al cual nunca dijo que era
"politizado". La situación del Grupo Cairns es incierta, en especial
por que su miembro clave, Australia, está negociando un acuerdo de libre
comercio con Washington -un hecho que no ha pasado desapercibido para los demás
miembros del grupo.
Efectos sobre el MERCOSUR
y Brasil
Las deserciones en el G 20+
también limitan las pretensiones de Brasil en la región. Este país cuenta por
ahora únicamente con un claro apoyo de Argentina. Incluso dentro del MERCOSUR sólo
Paraguay se integró al G 20+ mientras que Uruguay mantiene una posición
independiente. Otras naciones que se mantienen en el grupo, como México o
Chile, ya han completado acuerdos comerciales con Estados Unidos, y apoyan las
posiciones de Washington dentro del ALCA.
En los hechos hay que
reconocer que el grupo no ha servido para potenciar el contrabalance que buscaba
Brasil dentro del ALCA. Este país corre el riesgo de quedar en franca minoría
en la región, y esa posibilidad debe haber estado presente en las
conversaciones que el presidente Lula da Silva mantuvo días atrás con los
presidentes de Colombia y Perú insistiendo en que se mantuvieran dentro del
grupo.
Tampoco ha fortalecido las
posiciones internas que expresan el canciller Celso Amorín o el asesor en temas
internacionales Marco Aurelio García. La situación de Brasil y las críticas
de Washington a su actitud han generado claras manifestaciones de disconformidad
en especial desde los ministerios de economía y agricultura.
E. Gudynas es analista de información en CLAES. Publicado en La Insignia, 13 octubre 2003
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