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Propuesta de reforma de la OMC: profundizar la liberalización comercial
Paola Visca
Ocho personalidades de todos los continentes prepararon un
informe para reformar el papel de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
El reporte “El futuro de la OMC – Una respuesta a los desafíos
institucionales del nuevo milenio” analiza el papel de la organización y
brinda lo que a juicio de sus autores son las recetas para mejorarla frente a
las nuevas relaciones internacionales.
El informe surge en un momento donde no solo las negociaciones en el marco de la OMC están prácticamente estancadas, sino que el propio multilateralismo está en tela de juicio entre los mismos miembros de la OMC. La tendencia reciente ha sido consolidar acuerdos bilaterales o regionales, que los participantes han encontrado más provechosos que las decisiones globales tomadas en el marco de la OMC. América Latina ha vivido una verdadera avalancha de acuerdos bilaterales o regionales, y que más allá de su real utilidad, siguen en aumento.
El reporte fue preparado por una comisión integrada entre
otros por Peter Sutherland (que procesó la coordinación del GATT al momento de
crearse la OMC, y actual presidente de British Petroleum de Goldmand Sachs
International), el conocido economista Jagdish Bhagwati, promotor del libre
comercio desde su cátedra en la Universidad de Columbia, y Celso Lafer, ex
ministro de relaciones exteriores de Brasil y jefe de las delegaciones de su país
ante la OMC. A ellos se sumaron otras personalidades como Niall Fitzgerald
(presidente de Reuters), Koichi Hamada (economista en la Universidad de Yale),
John Jackson (abogado en la Universidad de Georgetown) y Thierry de Montbrial
(presidente del Instituto Francés de Relaciones Internacionales).
El reporte promovido por este grupo defiende la
liberalización del comercio global; es más, rescatan el multilateralismo desde
la apertura comercial. El reporte insiste en que el libre comercio es provechoso
para todos, y responde a las críticas que ha recibido la OMC apelando al
postulado clásico que el comercio favorece el crecimiento, un punto que al
menos debería reconocerse que está en debate. Más allá de esa cuestión,
debería admitirse que un mayor crecimiento no necesariamente se traduce en
mayor equidad, y este es uno de los puntos que afecta especialmente a los países
más pobres, una cuestión clave que no es considerado ni entre los defensores
del sistema comercial global, ni tampoco por los autores de este informe. “El
futuro de la OMC” simplemente infiere que el mayor crecimiento va a desembocar
mecánicamente en mayor bienestar, olvidando la evidencia que demuestra que esta
relación es al menos incierta.
Mientras muchos análisis se preocupan de establecer los
impactos negativos de la globalización y los problemas y transformaciones
locales que desencadena, el informe la defiende. Es más, afirma que muchos países
no se han beneficiado lo suficiente de la globalización por no tener la
capacidad de participar en ella, y que deberían abrir más todavía sus economías.
El reporte presenta una y otra vez como respuesta a las
diferentes críticas que las soluciones requieren todavía más liberalización.
Por ejemplo, sostiene que los beneficios del comercio serán mayores cuanto
mayor sea la libertad que tengan los recursos para poder circular.
Los principales temas en debate
Recordemos que la OMC surgió recientemente como un
organismo internacional independiente anclado en el sistema multilateral de
comercio establecido formalmente en 1948 con la constitución del GATT (Acuerdo
General sobre Aranceles y Comercio). La OMC amplió tanto el número de países
participantes (aproximadamente 150) como los temas cubiertos (hasta cuestiones
que antes poco tenían que ver con el comercio ahora se encuentran reguladas por
disciplinas comerciales). El éxito en la membresía auguraba que muchas de las
diferencias entre países o grupos de países fueran lentamente solucionándose.
Sin embargo, diez años después de su constitución los éxitos reales de la
OMC son pocos y cuestionables; ha pasado por dos reuniones ministeriales que
colapsaron (Seatle y Cancún), la Ronda de Doha sigue estancada, y hay muchos
temas sin resolución (por ejemplo, subsidios agrícolas).
La idea básica es ofrecer un sistema de comercio justo y eficaz para sus miembros. Sin embargo, es evidente que los propios integrantes de la OMC no lo ven así ya que en la práctica los resultados no han sido los más deseados o esperados, llevando a muchos a buscar acuerdos comerciales bilaterales o regionales. Pero estos acuerdos, a juicio del Comité, no son beneficiarios para la economía mundial, ya que introducen diferencias e ineficiencias entre países. A pesar de lo anterior, el consejo de expertos reconoce que pueden existir problemas de ajuste y sectores perdedores. Incluso, admite que en muchos casos aunque los gobiernos quisieran apoyar a los sectores perjudicados pueden no tener la capacidad para hacerlo, especialmente los de los países en desarrollo.
El tema de las diferencias o privilegios que puedan tener
los países más pobres es un asunto delicado en el seno de la OMC. Es difícil
entender por qué el Comité no aprueba el tratamiento diferenciado a esas
naciones, las que no tienen capacidad de operar, producir ni comerciar en las
mismas condiciones que los países más ricos. Si bien se reconoce en el informe
que existen factores más allá de los comerciales, como la deuda externa,
sistemas de educación insuficientes, infraestructura inadecuada, etc., que
afectan el desenvolvimiento de los países, se insiste en que la existencia de
normas acordadas por todos protege a los países más pobres, limitando la acción
de los más ricos y poderosos.
En otro giro impactante, el Comité encuentra innecesario el trato diferenciado a los países pobres; según sus autores, esto trae problemas al comercio multilateral y no se justifica porque las hipótesis sobre las que se basa, en muchos casos, no pueden sostenerse hoy en día. Por ejemplo, las concesiones comerciales recíprocas no valdrían la pena porque los mercados subdesarrollados eran insignificantes. El informe advierte que esas asistencias se deben a los intereses de quienes las otorgan pero no a las necesidades de quienes las reciben.
Para atender los problemas de los más pobres, los miembros
del comité proponen que los organismos multilaterales provean de financiación
a los países en desarrollo para facilitar su proceso de ajuste.
Al Comité le preocupa la proliferación de acuerdos
preferenciales que van en detrimento de la cláusula medular del GATT de Nación
Más Favorecida (NMF). Ese proceso y otros factores estarían desencadenando una
“involución” en las relaciones comerciales globales. Recordemos que la cláusula
NMF establece que si se conceden a una parte mejores condiciones arancelarias y
no arancelarias, esas condiciones debían concederse automáticamente al resto
de los países, asegurando la igualdad en el sistema.
Lo que sostiene el Comité es que esta cláusula ha dejado
de ser la regla para convertirse prácticamente en la excepción. Hay que ver si
esta “involución” realmente lo es para el caso de las naciones
subdesarrolladas, o si es un mecanismo alternativo del que se han valido para
poder amortiguar los efectos negativos que los acuerdos dentro de la OMC les
pudieran causar. También es cierto que los países desarrollados han utilizado
ampliamente los acuerdos preferenciales y uniones aduaneras para beneficiarse
del comercio internacional, y son los principales protectores en sectores como
el agrícola.
La soberanía es otro de los temas críticos que suelen
participar en los debates en torno a la globalización en general y a la OMC en
particular. El informe sale al cruce de las críticas que suelen hacerse a la
organización en cuanto a la pérdida de soberanía de los países que la
componen y sostiene que es un resultado natural de la pertenencia a este tipo de
organización, y no necesariamente debe considerarse como un aspecto negativo.
El fundamento que plantean es que los asuntos globales exceden el poder de los
Estados aisladamente considerados. Además, el atenerse a ciertas limitaciones y
una acción coordinada desemboca en beneficios para los participantes. Es más,
la visión del Comité va más allá y entiende que más que una pérdida de
soberanía los gobiernos recuperan soberanía perdida por el propio proceso
globalizador al pertenecer a la organización multilateral.
Con respecto al sistema de solución de diferencias, el Comité encuentra que ha tenido un éxito aceptable. Además, se verifica una participación mayor de los países en desarrollo que en el sistema del GATT. En caso de que los países perdedores no cumplieran con las disposiciones que se les establecieran se prevé la posibilidad de que los países ganadores exijan medidas compensatorias, consistentes en general en acceso a mercados. En caso de no haber acuerdo la parte ganadora podría adoptar medidas de suspensión de obligaciones respecto a la parte perdedora (retorsión). El Comité encuentra que estos últimos dos tipos de soluciones no es lo más aconsejable, ya que crea asimetrías dentro del sistema, favoreciéndose en general los países ricos que son los que podrían pagar más fácilmente esas compensaciones. Para que la OMC funcione mejor, sería recomendable que los miembros acataran las decisiones, que ayudan a la vez a fortalecer políticamente a la institución. A juicio de los autores también es conveniente que se difunda el modo de operar del sistema, no solo para políticos y diplomáticos, sino también al público en general.
El Comité analiza también el escabroso tema del consenso,
considerándolo una de las posibles causas de la falta de progreso dentro de la
organización. Es muy difícil lograr el acuerdo de tantos miembros, y es fácil
que una decisión pueda ser vetada, ya que se necesita solamente un voto en
contra. Es por esto que una de las recomendaciones del Comité a este respecto
consiste en que los miembros realicen estudios sobre el tema del consenso,
considerando la posibilidad de alcanzar acuerdos por otros mecanismos para
cierto tipo de decisiones. Por otro lado, buscando aumentar la eficiencia del
organismo, se propone que, en el caso de que un país busque bloquear una medida
que goce de amplio apoyo entre los miembros se le exija presentar por escrito
las causas vitales a nivel nacional que lo llevan a tener esa postura.
Pero no solo el consenso es causa del estancamiento dentro de la OMC. También se mencionan como posibles causas aquellas cuestiones que afectan aspectos sensibles de la política exterior o de la competitividad comercial.
Participación y sociedad civil
La Sociedad Civil ha cumplido un papel cada vez más relevante en los temas que se relacionan con la globalización y acuerdos comerciales, especialmente en el plano multilateral. El Comité reconoce esta realidad y se dedica a considerar este fenómeno.
Es notoria la presencia cada vez mayor de organizaciones ciudadanas en las instancias de decisiones sobre el comercio mundial: si comparamos las dos últimas cumbres ministeriales encontramos que, mientras a Singapur, en 1996 asistieron 235 representantes de 108 ONG, a Cancún en 2003 acudieron 1578 personas, representando a 795 organizaciones ciudadanas.
El informe trata de plasmar la idea de la importancia de la
participación de la sociedad civil en el terreno de la OMC, en el entendido de
que su involucramiento puede hacer a la institución más eficaz. Incluso, la
organización reconoce que puede llegar a enriquecerse de la interacción con la
sociedad civil, de sus conocimientos y sus competencias. Sin embargo, se exponen
ciertos límites a la actividad y presiones de los grupos; es importante la
transparencia externa, pero a la hora de las negociaciones de los gobiernos, por
una cuestión práctica, estas requieren cierta confidencialidad. Las
sugerencias del Comité se refieren a que los miembros deberían trabajar en
establecer objetivos claros para que la Secretaría profundizara los lazos con
la sociedad civil, pero también sería necesario aumentar la cantidad de
recursos destinada a estos fines.
De esta manera “El futuro de la OMC” deja en claro que la organización
comercial global enfrenta varios problemas. Pero una y otra vez insiste en que
la solución a sus dificultades así como la respuesta a los desafíos futuros
es profundizar todavía más la apertura comercial. No se ensayan medidas de
otro tipo, ni siquiera hay una buena discusión conceptual sobre otras ideas
para explicar las relaciones comerciales que a su vez permitieran ensayar otros
instrumentos multilaterales. Más allá de las declaraciones de intenciones, no
es un reporte innovador ya que cae en la ortodoxia clásica. Por esta razón, si
bien se encomendó al comité de personalidades ofrecer “respuestas a los
desafíos institucionales del nuevo milenio”, en realidad las preguntas y
desafíos se siguen acumulando sin que se encuentren respuestas adecuadas.
P. Visca es analista en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología, Equidad – América Latina). Publicado el 11 de abril de 2005. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente.
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